¿Quién debería ser dueño de la propiedad intelectual del contenido creado? Durante esta conferencia, el abogado Omar Umaña y Alei Valet Siv, en representación de Piragna, discutieron los retos legales que enfrenta la industria creativa al hacer negocios, y compartieron sus experiencias sobre cómo asegurar que tu proyecto se pueda monetizar. Coincidieron y enfatizaron lo importante que es hacer los acuerdos adecuados desde el comienzo mismo de una negociación, definiendo con claridad qué partes son dueñas de la propiedad intelectual y en qué proporciones.
A menudo, los estudios de animación ceden los derechos de la PI, especialmente en videos musicales, donde ya se han heredado múltiples capas de derechos de autor para cuando la propuesta llega a los estudios de animación o creativos. En la mayoría de los casos, es el productor quien termina siendo dueño de los derechos.
El sapo de 20 dólares: una lección de impacto
Piragna compartió una historia sobre un encargo de un personaje simple que casi se convierte en una catástrofe legal. “Alguien nos contrató para diseñar un sencillo personaje de sapo; le pagamos a un diseñador gráfico cerca de 20 USD para crearlo y le cobramos al cliente unos 100 USD, sin darnos cuenta de que el personaje estaba destinado a una campaña multimillonaria para el sistema de basuras de Bogotá.”
En la entrega, la empresa esperaba plena libertad para usar el personaje en todos los canales. Eso significaba que el estudio tenía que proveer no solo el arte sino también la seguridad legal para su uso, tal como lo estipulaba el contrato. Una vez que el impacto de la campaña se hizo evidente, el artista original contactó al estudio, exigiendo más dinero y alegando que nunca había cedido los derechos para un uso a tal escala. Por fortuna, el estudio había asegurado un contrato robusto desde el inicio, lo bastante fuerte para evitar que el asunto escalara.
El incidente se volvió una experiencia de aprendizaje crítica: sin acuerdos herméticos con los freelancers, un estudio no puede garantizar “seguridad legal” a sus clientes. Si un artista demanda, el estudio arriesga incumplir su contrato y cargar con las consecuencias. La conclusión es simple pero poderosa: invertir en contratos sólidos es mucho más barato que enfrentar disputas legales, y el precio debería reflejar no solo el trabajo en sí, sino también el impacto potencial que pueda cargar.
También hay casos en los que te encuentras trabajando con las PI de otros. Alei Valet Siv señaló que algunas PI son particularmente exigentes, pues los estándares estrictos a menudo demandan revisiones semanales con el cliente, lo que puede volverse rápidamente una experiencia tormentosa. Este proceso puede incluso terminar en fracaso si el estudio no logra hacer pública la producción, resultando en pérdidas financieras. Por otro lado, algunas marcas logran transmitir sus valores de forma tan efectiva que los equipos del estudio sienten, de manera natural, el impulso de proteger y cuidar la marca.
El dilema del “Frailejón” y la zona gris de la IA
La IA también se mencionó cuando surgió la pregunta: ¿quién es realmente dueño de las piezas creadas por inteligencia artificial? Uno de los personajes más reconocidos del estudio es un frailejón animado que canta, símbolo de un movimiento por proteger los ecosistemas frágiles de Colombia, como el páramo donde crecen los frailejones. Un movimiento político empezó a producir merchandising con su versión del personaje generada por IA, sin ningún consentimiento de los creadores, politizando la resistencia civil que el personaje representaba originalmente.
La ley colombiana suele moverse lento en casos como este, generando altos costos para los estudios obligados a enfrentar a los abogados “gigantes” del gobierno. La conclusión fue aleccionadora: algunas batallas simplemente no valen la pena pelearlas.
Queda una enorme zona gris alrededor de la IA y la propiedad intelectual. Es casi imposible prohibir versiones de un personaje generadas por IA, y el uso de la IA no despoja automáticamente de autoría a los creadores. Lo esencial, sin embargo, es la transparencia en el proceso creativo. La divulgación clara ayuda a defenderse ante disputas y fortalece el caso cuando alguien argumenta lo contrario.
Pasos prácticos para creadores colombianos
Entre los factores clave para gestionar la propiedad intelectual, el consejo fue claro: los artistas deben educarse en la ley. Con demasiada frecuencia, los creadores no son abogados, y la prevención casi siempre es menos costosa que enfrentar consecuencias legales. Buscar asesoría legal se vuelve esencial cada vez que hay un interés genuino en tu trabajo.
Hay dos formas de registrar una idea en Colombia:
- Registrarla como obra artística ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor, ¡que es gratis!
- Registrarla como marca cuando empiezas a monetizar esa idea, lo que cuesta cerca de 400 USD.
Como ejemplo, “Frisby es una obra artística, y está protegida en todo el mundo.” Esta protección hizo imposible que una marca impostora operara con éxito desde España. La recomendación es siempre evaluar cuándo vale la pena perseguir un “cese y desista”, dadas las complejidades de la jurisdicción colombiana. Y lo más importante: los creadores deben asegurarse de que todas las autorizaciones de las partes involucradas queden debidamente documentadas durante el proceso de creación, incluyendo especificaciones claras sobre si la obra puede usarse para entrenar IA.
Centro Cultural Javiera Londoño, Auditorio.
Miguel Zuluaga